Cómo conocí a… bueno, en realidad no importa.

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Ayer, día de los inocentes en Estados Unidos (o “April Fools’ Day”), terminaba una serie que lleva con nosotros nada más y nada menos que nueve años. Nueve largos años de risas y momentos entrañables, pero también de temporadas de más, de alargar innecesariamente una trama que ya estaba desgastada y ensanchada, como un Jersey que sigues poniéndote porque era tu favorito, pero que ahora te queda dos tallas más grande y tiene algunos agujeros. Y eso ha dado lugar a uno de los peores finales de serie que recuerdo. Un final que, tal vez allá por la segunda temporada, o la tercera o no sé, incluso la cuarta, sí habría tenido algo de sentido (énfasis en algo), pero que a estas alturas de la serie, después de nueve temporadas (sé que lo he repetido varias veces y lo repetiré, pero es que es un detalle importante), no tiene ningún sentido.

 

(Aviso para navegantes, SPOILERS dentro)

 

Si hay una palabra que he usado para describir cómo me sentí ayer viendo el episodio doble final, fue estafada. Me sentía timada, engañada y usada, y sé que no fui la única. ¿Por qué? Pues porque nos han dado un final que no pegaba, que no tenía sentido en este momento, tras nueve años de viaje. Los acontecimientos son los siguientes: Ted termina de contar la historia sobre cómo conoció a la madre de sus hijos, nos dan a conocer que estuvieron varios años juntos y luego Tracy (nombre de La Madre) murió por una enfermedad desconocida para el espectador. Acto seguido, sus hijos reconocen en toda esa historia lo que muchos ya hemos notado: la madre apenas está en la historia, y en realidad es la historia de cómo Ted sigue enamorado de Robin mil novecientos cincuenta y dos años después (puede que no tantos, pero ya me entendéis). Así que, ¿qué pasa a continuación? Se cierra el círculo con Ted yendo a la ventana de Robin con la famosa trompa azul. Por el camino, además conocemos que Robin y Barney se divorcian a los pocos años de matrimonio, que Barney vuelve a sus días de mujeriego, para dejar al poco a una mujer sin rostro embarazada (suponemos que la mujer tiene rostro, pero jamás llegamos a verlo) y enamorarse de la “mujer de su vida”: su hija. A Marshall y a Lily no les pasa mucho en este capítulo, excepto que sabemos que tienen otro hijo (tampoco llegamos a verlo), y que Marshall trabaja mucho y le ascienden de nuevo. Fin.

Pero, ¿por qué ha enfadado tanto este final de serie? Vayamos personaje a personaje.

Barney y Robin. Tengo que empezar por ellos porque, os haya gustado o no su relación (yo era de las que apostaban por ellos desde el primer momento), no se puede ignorar que ellos han sido uno de los pilares a lo largo de la serie, y en especial en este último tramo. Recordemos que, aunque los guionistas se empeñaron en estropear su relación varias veces (supongo que buscaban que no nos encariñáramos demasiado con ellos para que nos decantáramos más por el Ted/Robin), han sido una constante hasta el mismísimo episodio previo a la final. Los dos personajes han tenido una de los mejores crecimientos y evoluciones como personas en la serie, separados, pero sobre todo juntos. Hasta el mismísimo episodio “The End of the Aisle“, continúan evolucionando como pareja, hasta culminar en la promesa de Barney: que siempre será honesto con ella; uno de los últimos miedos o inseguridades que Robin sentía en relación a su matrimonio con Barney, queda resuelto en los momentos antes de la boda. Por eso todo parece una gran estafa, un engaño cuando ahora sabemos que en sólo unos minutos de episodio de “Last Forever“, esa relación se disolvería (de nuevo) con el débil pretexto del trabajo de Robin. Y es que un divorcio es algo muy normal hoy en día, es algo que pasa a menudo y no resulta descabellado que la pareja de Robin y Barney acabara en divorcio, pero… ¿Para qué pasar 22 episodios (repito, VEINTIDÓS) viéndoles superar sus respectivos miedos al compromiso, ir cerrando sus etapas como solteros, y finalmente casarse… para nada? Para nada. Me he sentido tan traicionada, no sólo como partidaria del Barney/Robin, si no como espectadora, como fan de esta serie… Todo ha sido una gran mentira elaborada para tenernos atentos al televisor (o pantalla de ordenador) y colarnos el final que ellos siempre habían querido de forma brusca y violenta.

Barney. Uno de los personajes más maltratados en esta final. A mucha gente le ha hecho gracia que volviera el antiguo Barney, el que a todos les gustaba y les hacía reír. Y aún más, les ha gustado también el momento en que Barney cambia por completo a raíz del nacimiento de su hija, y esta vez se dedica a aleccionar a jovencitas sobre cómo vestir o cómo comportarse. La gracia que me ha hecho esto a mi podréis adivinar que es -100. Lo primero, la evolución personal de Barney durante tantos años se ve barrida en unos segundos y lo excusan con “yo soy como soy”. El hombre que se acostó con centenares de mujeres y se dio cuenta de que no se sentía más feliz, desaparece en segundos como si nunca hubiera existido. Segundo, el nacimiento de su hija por parte de una mujer a la que conocemos simplemente por “número 31”, porque aparentemente la identidad de la madre de la hija de Barney importa bien poco (y no será el único maltrato a la mujer en relación a embarazo-hijos que veremos en este capítulo). La escena de Barney con su hija se puede considerar de las mejores del capítulo (gran interpretación de Neil Patrick Harris), pero ni siquiera eso se puede disfrutar del todo teniendo en cuenta que la hija es sólo un recurso fácil y rápido para redimir un poco a Barney y que nos quedemos contentos. Y tercero, que Barney cambie me parece muy bien (aunque fuera innecesario porque Barney ya había cambiado). Que lo enseñen dando lecciones a chicas que hasta unos meses atrás intentaba llevarse a la cama, me parece despreciable (¿Ponte ropa decente? ¿Vete a casa que tu padre estará preocupado? Mil bofetadas en la cara le daba). Así que no, Barney no se redime, si no que vuelve a la casilla número 1 y luego da un empujón por el nacimiento de su hija, pero quedando borrada toda su evolución a lo largo de la serie.

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Robin. Otro personaje hecho añicos en sólo unos minutos. Durante este episodio, Robin: se divorcia de Barney, se distancia del grupo y finalmente es “cortejada” por el hombre al que rechazó tantísimas veces. Robin, esa mujer que quería una carrera más que nada en el mundo, que aprendió a dejar entrar bajo su coraza a sus amigos, esa mujer ve truncadas estas dos cosas en unos minutos: su carrera acaba siendo la destructora de su matrimonio y de la relación con sus amigos, a los que aleja por completo. Ni llamadas (¿¡¿ni siquiera a Lily?!?), ni nada. Sólo queda una mujer distante que espera, por supuesto, a que Ted aparezca bajo su ventana…

La Madre. Probablemente la más maltratada de, no sólo este capítulo, si no de toda la serie: esa serie que llevaba su nombre, su historia grabada en el título. La mujer de la que hemos oído hablar durante nueve años, y que ansiábamos conocer, esa mujer a la que ya queríamos ver con Ted muchísimo antes de que la conociéramos allá por el final de la octava temporada… Esa mujer pasa por la serie como una mera invitada y, atentos, como el instrumento por el cual Ted puede tener hijos. Y ya está. Hemos ido conociendo a esta chica durante esta novena temporada en las pocas pero geniales escenas que nos han dado (Cristin Milioti ha sido de lo mejor de esta temporada), hemos ido queriéndola cada vez más y sabiendo que era quien esperábamos, era la mujer perfecta para Ted, así que no podíamos esperar al momento en que su mirada se cruzara con la de Ted y por fin se conocieran, se dijeran las primeras palabras, y luego probablemente viéramos algo más de su historia… Y lo primero sucede: se conocen, se dicen las primeras palabras bajo ese paraguas amarillo, y… y ya está. Sabemos que tienen dos hijos, que se casan después de tenerles porque la vida no es un cuento de hadas y no todo sale siempre perfecto, y que después la madre muere. Y lo indignante de todo no es que ella muera (que también), porque, al igual que con el matrimonio de Barney y Robin, la vida pasa, las cosas pasan y a veces los seres queridos se van demasiado pronto (aunque aquí hago un inciso para recordar que esto es una comedia, aunque no lo parezca). Lo indignante es que La Madre es relegada a un segundo plano. Lo indignante es que, gracias a que los creadores han querido volver al tema de Ted y Robin tantísimas veces a lo largo de la serie, y sobre todo en esta temporada, poco antes de la boda de Robin, ya daba la sensación de que Ted se estaba conformando. No estaba conociendo a la mujer de sus sueños, como creíamos, sino que simplemente estaba encontrando a la distracción que le permitiera vivir su vida sin Robin. Y esa distracción es Tracy, los dos hijos que ésta le da y su vida en los suburbios, como siempre quiso. Lo indignante es que, al final, la madre no era lo que nos habían prometido: el gran amor de Ted Mosby. La madre era sólo, como su nombre indica, La madre, simplemente la mujer que le proporciona los hijos que Robin no puede tener, antes de ser borrada de la ecuación para que Ted pueda acudir de nuevo a Robin. Y lo indignante, es que no llegamos a saber de qué muere, o a ver su funeral, o cómo reacciona Ted ante su muerte, o incluso sus hijos (¿recordáis aquella dulce pregunta que el hijo de Ted tenía al principio de la serie, cuando su padre le empezaba a contar la historia? “¿Nos estás castigando por algo?” ¿O las caras de fastidio que ponían a veces al principio de los capítulos… Ahora suena todo precioso sabiendo que les estaba contando la historia de cómo conoció a su madre fallecida. O mejor, cómo conoció a su madre fallecida pero en realidad lo que quería era montárselo con Tía Robin), porque al final su historia no importa demasiado. Porque al final, esa chica no era lo importante de la historia, ni cómo Ted la conoció, ni los años que vivieron juntos. Nada de eso era lo realmente importante. Y si como espectadores y fans de esta serie, no os sentís traicionados y engañados, pues no sé yo…

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Ted. Qué se puede decir de Ted… Siempre ha sido un personaje al que le he tenido un cariño enorme, pero cómo se conserva ese cariño intacto cuando le han revelado como un hombre obsesivo y algo manipulador (no en vano les ha estado contando la historia a sus hijos con el sólo pretexto de que le dieran permiso para ir tras Robin). Si bien allá por las primeras temporadas la unión de Ted/Robin era algo que nos podía gustar más o menos, ésta se vio truncada en una relación dañina y casi enfermiza para Ted con el paso de los años. No sólo sigue volviendo una y otra vez a enamorarse de su amiga, si no que se convierte en una obsesión que podemos ver especialmente manifiesta en algunos de los capítulos de esta última temporada; esa escena en la que Robin se eleva en el aire mientras Ted la observa me pareció especialmente significativa, pues para mi representaba la idealización de Robin por parte de Ted, y esa obsesión que le lleva a decir unas horas antes de la boda de Barney y Robin cosas como:

“if you’re looking for the word that means caring for someone beyond all rationality and wanting them to have everything they want no matter how much it destroys you, its love! And when you love someone you just don’t stop. Ever. Even when people roll their eyes, or call you crazy, even then, especially then!”

Toda una muestra de una relación saludable. Y lo siento, pero que una persona se obsesione con otra hasta tal punto no me parece entrañable, ni romántico, me parece un poco espeluznante, locura nivel orden de alejamiento. Y como ya he dicho antes, el final de la serie y su relación con Robin habrían tenido sentido si la serie hubiera terminado muchas temporadas atrás. Pero no ahora. No después de tanto.

Marshall y Lily. Los pongo en conjunto porque, como ha dicho mucha gente, a estos dos personajes no les pasa demasiado en este capítulo, “y menos mal”, teniendo en cuenta lo que hacen con los demás personajes. Nos enteramos de que tienen otro hijo, y de que a Marshall lo ascienden de Judge Fudge a Fudge Supreme. Lo cual estaría muy bien si no fuera porque son hechos que pasan con una simple frase y que se quedan en meras anécdotas mientras ellos reaccionan a lo que les pasa a los demás personajes. Ni siquiera llegamos a ver a sus hijos, o la casa a la que se mudan, o a Marshall ejerciendo de juez… nada importa en comparación a todo lo demás.

 

He leído que una de las “excusas” que daban los creadores (para ellos supongo que no serán excusas, si no razones) para este final, era que la reacción de los hijos ante la historia de su padre estaba grabada desde la segunda temporada. Y que por eso tenían que ceñirse al plan que tenían pensado desde el principio. Pero esto sinceramente me parece una excusa muy pobre. No entiendo cómo una escena que grabaron hace ¿siete, ocho? años puede condicionar el final de una serie de nueve años. Había tantas maneras en que podían haber solventado esto (y eso que se nos ocurran a nosotros, los fans), que me parece ridículo que se utilice esto como razón. Porque, como dice este artículo, las historias, las series y los personajes cambian a lo largo de los años, construyes una historia que va evolucionando, y si te ciñes a un plan que hiciste nueve años atrás, esto es precisamente lo que pasa. En especial cuando ni siquiera ellos mismos han sabido llevar la serie por un rumbo en el que el final tuviera sentido; en el que no hubieran insistido tanto en darles a Robin y Barney una historia conjunta que les llevara a casarse en el mismísimo episodio anterior a esta final, o en el que no insistieran tantas veces en que La Madre era el amor de la vida de Ted (duele sólo pensar que en la propia final, Marshall se lamenta de que Ted vuelva a enamorarse y a rompérsele el corazón como tantas otras veces, y Lily mira a Tracy y Ted y dice que “no se ha enamorado nunca de esta manera, no así”), porque es otra mentira más, otro engaño que vemos desvanecerse cuando sabemos la verdad.

Lo peor de todo es que esta serie siempre será recordada por lo malo: por esas temporadas de relleno que sobraban, por la repetición incesante de tramas (como el Ted/Robin, que se hizo insoportable por tantísimas repeticiones de lo mismo, aunque ahora sepamos por qué), y sobre todo, por su desastroso final. Cuando en realidad, esta serie fue muy grande en sus inicios, en sus primeras temporadas llenas de risas, de amistad y de promesas ahora rotas. Y eso quizás es lo que más nos duele a los fans, a esos que estuvimos nueve años esperando el siguiente capítulo, queriendo que saliera algún detalle más de La Madre, alguna pista que nos indicara cómo sería la mujer perfecta de Ted Mosby… Nos duele porque no es el final que la serie se merecía. Y es que al menos a mi, me va a costar poder ver de nuevo algún capítulo de la serie sin recordar que nos han decepcionado y engañado desde el principio, que todo no era más que una mentira.

Así que sólo nos queda imaginar lo maravilloso que hubiera sido si esta serie hubiera tratado realmente de Ted y Tracy. Si nos hubieran presentado a la madre dos o tres temporadas atrás y hubiéramos llegado a verla en más escenas, o si simplemente la serie hubiera acabado en esa escena en la estación de tren, bajo el famoso paraguas amarillo, sin necesidad de romper todo lo que habían construido en nueve años.

 

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